ADRIANA SISTO

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Cuando uno toma una frase -más o menos- famosa que fue concebida por una persona -más o menos- famosa, siente al pronunciarla que de alguna manera estamos reproduciendo alguna sabiduría, o al menos algo lo suficientemente ingenioso como para repetirlo.

Pero que la ingenuidad no nos trate mal, lo que en realidad pretendería una frase –si tuviera vida propia- es convertise en el medio que nos permitiera acercarnos a conocer la sabiduría, o el ingenio, que tuvo la persona que le dio esa vida.

Recién a partir de ese punto podemos caminar hacia imitar, tomar de ejemplo, intentar superar, o simplemente admirar a la persona en cuestión.

 

Viene al caso una frase que se le atribuye a Miguel Angel, refiriéndose a la escultura: “Esculpir es fácil, solo se trata de quitar lo que sobra”.
Por más veces que la repita, tengo muy claro que aún contando con todas las herramientas, puedo llegar a demoler la cordillera, o talar todo un bosque, antes de conseguir darle forma a una piedra o a una madera.

 

Tal vez esa incapacidad me permita maravillarme cuando veo algunas obras. Se que hay detrás de eso mucho más que un conocimiento técnico: hay magia.
Hay personas que pueden ver a través de un contorno que para mí significa límite. Esas personas corren los límites, los de la madera, los de la piedra, y los de las sensaciones.

Y al igual que cuando veo un ilusionista trabajando, no quiero conocer ningún secreto, solo me permito disfrutar.

 

A Adriana Sisto la conocimos en facebook, después de mirar muchas veces las imágenes de sus obras nos pusimos en contacto para proponerle esta “charla electrónica”.

Solo a manera de modelo planteamos preguntas básicas, y hoy podemos compartir la historia que nos cuenta.
Gracias Adriana, por tu historia, por las imágenes, y por seguir haciendo magia para todos los que quieran disfrutarla.

Fernando Puente
julio 2009

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ADRIANA SISTO:

La escultura surge en mí como un juego.
Desde muy chiquita sentía cierta atracción por los árboles secos o desprovistos de su follaje, fantaseaba con sus formas, jugaba a descubrir personas atrapadas en sus ramas o en sus troncos y pensaba que estaban encantados. Durante mucho tiempo dibuje árboles transformándose en personas o viceversa, al punto que mi mamá pensaba que tenía un problema psicológico porque para ella dibujaba árboles muertos y me respuesta era: no están muertos, están dormidos…

En el 84 comencé la carrera de Bellas Artes en la UNR, allí me especialicé en pintura de la mano de un maestro: Rubén Naranjo. Un buen maestro es quien sabe transmitir la pasión y él era uno de esos. Amé la pintura y desde el primer año de la carrera estuve en la búsqueda de plasmar algo personal, fue axial como mis dibujos fueron tomando color. Mis pinturas tienen mucho volumen creado através del claroscuro y las telas me parecían que no alcanzaban a contener todo lo que quería decir, me quedaban chicas y sentía la necesidad que la pintura se prolongara a las paredes, por eso nunca enmarqué nada.

 

En el año 96 comencé a vender algunas artesanías en Plaza Sarmiento, allí en la esquina de Corrientes y San Juan había un pequeño ciprés que llamó mi atención en un triángulo formaban tres árboles, uno estaba seco, gris smog, como el smog que hay en la Plaza donde llegan casi todas la líneas de colectivos de la ciudad.
Desde que lo vi lo hice mi amigo y antes de armar mi puesto cada fin de semana pasaba a saludarlo. Un día, después de una tormenta de viento que arrasó con varios árboles de la plaza, me acerque a mi amigo para verificar que no haya sido dañado por la tormenta, solo una pequeña rama había sido desprendida de su copa muerta, la recogí y la llevé a mi puesto, mientras hablaba con mis compañeros comencé a limpiar la ramita con una pequeña cuchilla en un acto inconciente, sin prestar mucha atención. Cuando la miré, en mis manos ya no había una simple rama, era una diminuta mujer con sus brazos abiertos. Fué así como desde ese día la madera me atrapó y no pude dejar de trabajar en ella. La pintura fue perdiendo interés para dejar lugar a la escultura.

 

Un tiempo después en el año 98 me entero que van a extraer todos los árboles secos de la ciudad para remplazarlos por otros vivos, fue allí donde pensé en cómo prolongarle la estadía en la tierra a mi amigo y se me ocurrió tallarlo, así surgió “Renacer” mi primer árbol seco tallado de pié.
Durante 18 días trabajé en la esquina de la plaza sobre su madera dormida, la gente me traía sus historias, fue como recuperar su vida.
En esos días pude comprobar que había muchos no videntes que gozaban de buena vista. Ese árbol hacía 10 años que estaba seco su estado era más que visible comparado con los otros dos ejemplares vivos cercanos, pero para muchos yo lo estaba secando con mi trabajo.
En esos días tuve el mejor de los premios, el intercambio con la gente, los pequeños gestos de agradecimiento como acercarte una botella de agua o una manzana, conocí a personas increíbles que aún siguen a mi lado.

 
adrianasisto3En esos días surgió el proyecto “Los Árboles Rescatados del Olvido”
Así llegaría a tomar forma “El que no se escondió… se embromó” en El Rosedal del Parque Independencia y los viajes por distintas provincias de mi querido país, Trenque Lauquen, Pehuajó, Tierra del Fuego, Puerto Madryn, El Trébol y ya son15 los árboles rescatados con mis manos. Y es mi sueño que en cada provincia, en cada ciudad en cada pueblo chiquito de mi tierra al menos un árbol seco de pie tenga la oportunidad de ser rescatado del olvido de la tala, del batallón de fusilamiento al que está condenado
Siempre es bueno volver a verlas, siempre es bueno el rencuentro con la gente de lejos, tanta gente que he conocido y me han tratado como parte de sus familias, como viejos amigos brindándome todo lo necesario como para sentirme en mi propia casa…

 

Las figuras surgen en un diálogo silencioso con la madera, nunca se muy bien que es lo que voy a tallar, no hago bocetos previos, solo me dejo llevar y la madera me muestra el camino, es mágico, solo sé que allí se esconden personas que esperan ser descubiertas.
Mis figuras siempre son mujeres, niños, hombres, imágenes de la vida cotidiana, no tienen rostros, ni ropas, para no darles una identidad, la ropa nos da una identidad social, desnudos todos somos iguales, lo único importante es nuestro interior y quiero que la mayor cantidad de personas que observen mi obra se sientan identificados. Si les hago un rostro, si les pongo determinado tipo de vestimenta les estoy dando una identidad y eso es lo que no quiero hacer.

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Ya llevo casi 11 años con mi proyecto, me ha costado mucho remar contra la corriente, una mujer escultora no está muy bien vista, mucho menos si usa motosierra y se trepa a los andamios para tallar un árbol, pero estoy orgullosa de haber insistido, de haber podido a través de este proyecto abrir ojos que estaban cerrados, unir personas que pensamos parecido, sacar la escultura de los museos y llevarla al espacio público, concientizar sobre la importancia de los árboles, haber comprobado que soñar es posible, que vale la pena y que los sueños pueden hacerse realidad, siempre y cuando sepamos defenderlos, invirtiendo nuestro tiempo con paciencia y perseverancia.

Hoy tengo mi taller de pintura y tallado en madera, en un lugar junto al río. Disfruto mucho de pasar la antorcha, de ver como mis alumnos vuelan solos, me siento feliz de poder transmitir esta pasión que hasta hoy, lejos de aquella niña que fantaseaba con personas encantadas, lejos de la Facultad, me permite seguir jugando a escuchar el secreto que cada madera esconde en su interior.

ADRIANA SISTO
julio 2009

Rosario – Argentina

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